Dark
Light
0

Arte e Ilusión: Gombrich y una nueva teoría del arte

25 julio, 2026

Arte e Ilusión cumple casi 80 años desde su publicación y sigue vendiéndose en las mejores librerías.

¿De qué se trata este texto que es un clásico de la teoría del Arte?

En el prefacio a la sexta edición de Arte e ilusión, Ernst Gombrich aclara un malentendido frecuente sobre su libro.

No pretende defender la pintura realista ni sostener que el arte deba aspirar siempre a copiar la naturaleza. La pregunta que le interesa es otra:

¿Cómo funcionan las imágenes en nuestra mente?

Más concretamente, quiere saber si una imagen puede entenderse simplemente como un conjunto de signos convencionales, como las palabras de un idioma, o si produce una experiencia psicológica distinta que exige una explicación propia.

¿Son las imágenes un lenguaje?

Durante buena parte del siglo XX, muchos teóricos comenzaron a sostener que las imágenes funcionan igual que las palabras: son signos convencionales cuyo significado depende de reglas culturales.

Gombrich considera que esta idea es insuficiente. Aunque las imágenes contienen convenciones, no se relacionan con nosotros del mismo modo que un texto. Leer una palabra
y contemplar una pintura son actividades cognitivas diferentes.

Cuando leemos, basta reconocer unas cuantas características distintivas de las letras. Cuando observamos una imagen, en cambio, ponemos en marcha expectativas, recuerdos, comparaciones e imaginación. Identificamos formas y construimos una experiencia visual.

La disposición mental

Para explicar esta diferencia, Gombrich introduce una noción fundamental: la disposición mental.

No vemos siempre de la misma manera. Dependiendo del contexto, una misma figura puede interpretarse como una letra, un dibujo, un objeto o un simple adorno. Nuestra mente adopta distintas actitudes frente a lo que tiene delante, y esa actitud modifica lo que percibimos.

Por eso una imagen nunca actúa sola. Siempre necesita un espectador dispuesto a completar aquello que la representación apenas sugiere.

El espectador también crea la imagen

Gombrich recurre a un ejemplo tomado de Shakespeare. En el prólogo de Enrique V, el dramaturgo pide al público que imagine ejércitos, caballos y campos de batalla sobre un escenario casi vacío. El teatro funciona porque los espectadores colaboran con la obra.

Lo mismo ocurre con la pintura. Ninguna imagen contiene toda la información necesaria. Siempre deja espacios que la imaginación del observador completa casi sin darse cuenta.

Por eso, Gonmbrich sostiene comprender una imagen no consiste únicamente en recibir información visual. También implica participar activamente en su construcción.

La diferencia entre ilusión y evocación

Hacia el final del prefacio aparece una distinción especialmente interesante.

Gombrich cita una carta del pintor John Constable, quien asistió a una demostración del diorama de Daguerre, un espectáculo que producía una extraordinaria ilusión de realidad. Aunque quedó impresionado, Constable afirmó que aquello no pertenecía realmente al arte, porque buscaba engañar al espectador.

El arte, decía, no produce placer mediante el engaño, sino mediante la evocación.

La diferencia es sutil, pero profunda.

Una ilusión intenta sustituir la realidad y hacer que olvidemos el medio que tenemos delante. Una evocación, en cambio, nos invita a imaginar más de lo que realmente vemos. El cuadro nunca deja de ser un cuadro, pero precisamente por eso pone a trabajar nuestra imaginación.

Historia del arte es historia sobre las distintas maneras de mirar

Gombrich extiende esta idea a la historia del arte. Según él, las grandes transformaciones artísticas dependen de nuevas técnicas, pero también de nuevas formas de mirar.

Cada época desarrolla determinadas expectativas sobre cómo debe verse una imagen. Cuando un artista consigue superar esas expectativas —como ocurrió con Leonardo, según Vasari—, modifica la manera en que el público percibe las obras que vendrán después.

La historia del arte es, en buena medida, la historia de esos cambios en nuestra percepción.

En el prefacio aparecen varias de las intuiciones que sostienen todo Arte e ilusión. La más importante quizá que las imágenes funcionan porque  consiguen activar nuestra imaginación y orientar nuestra percepción, no porque, como se defendió desde Platón hasta la clasificación de las Bellas Artes, copien el mundo. 

Ver una imagen nunca es un acto completamente pasivo. Siempre implica interpretar, anticipar, completar y reorganizar lo que tenemos delante.

Por eso, para Gombrich, comprender una obra de arte consiste en analizar lo que el artista pintó, pero también también exige preguntarse qué hace el espectador para que esa imagen cobre vida. Y esa idea —la de que la experiencia estética depende tanto de la obra como de la actividad mental de quien la contempla— terminará convirtiéndose en uno de los aportes más influyentes de Arte e ilusión.

Todos las publicaciones en Filosofía Neandertal son mis RESÚMENES de los textos referidos. No tienen otro objetivo que ser DIDÁCTICOS (para mis alumnos en clases) o DIVULGATIVOS, o para mí mismo. A veces tienen mis opiniones (seguramente equivocadas). Por favor utilízalos con precaución sabiendo de quién vienen. Si te son útiles recomiéndolos y busca videos de filosofía Neandertal en YouTube y TikTok!

Deja un comentario

GOBIERNO DEL ESTADO ENTREGA PLACAS MICHELIN 2026 A RESTAURANTES POBLANOS RECONOCIDOS
Previous Story

GOBIERNO DEL ESTADO ENTREGA PLACAS MICHELIN 2026 A RESTAURANTES POBLANOS RECONOCIDOS

Next Story

Tonalá Café (San Andrés Cholula)