Crónicas de la Ardilla
Texto: Kary Bousquet
Fotos: @factaules_y_contrafactaules
Por Kary Bousquet, Crónicas de la Ardilla
Tonalá Café ocupa un local pequeño en una calle tranquila de San Andrés Cholula. No tiene demasiadas mesas y por eso conserva un ritmo distinto al de otros cafés de la zona. Mientras afuera casi no pasa tráfico, adentro la gente trabaja, desayuna o conversa sin prisa.

Lo primero que llama la atención no está en el menú sino en el trato. Quien atiende lo hace con una amabilidad poco ceremoniosa, sin esa mezcla de entusiasmo obligatorio y pretensión que a veces acompaña a algunos cafés de especialidad. Uno se siente bienvenida antes de pedir.

La cocina parece compartir esa misma lógica. Los platillos salen rápido y los precios se mantienen por debajo de lo que uno esperaría en una zona donde los cafés suelen apostar más por la experiencia que por la comida. En el menú conviven desayunos tradicionales —como enchiladas, enfrijoladas o chilaquiles— con croissants, tostadas, sándwiches y baguettes.

La carta de bebidas también ofrece suficiente variedad: desde un americano o un capuchino hasta un espresso tonic, kombucha o un raspberry matcha.

Hay otro detalle que agradecerán quienes trabajan fuera de casa: la conexión a internet es estable. No pretende ser un espacio de coworking, pero funciona bastante bien como uno para responder correos, escribir o pasar un par de horas frente a la computadora.

Si uno se registra en las redes sociales del café obtiene un pequeño descuento. Es un detalle sencillo, igual que el resto del lugar.
Quizá eso explique parte de su encanto. Tonalá no intenta impresionar. Simplemente ofrece un espacio tranquilo, comida bien preparada y un servicio amable. A veces eso basta para que un café termine formando parte de la rutina de sus visitantes.
Es uno de esos lugares donde, después de terminar el café, nadie parece tener demasiada prisa por pedir la cuenta.

