Ensayo Fotográfico de Diego Nava

Recuerdo. Solo eso queda. Estas ruinas hablan por sí solas: todas las risas, las pláticas, los regaños habitan como ecos fantasmas, como voces que alguna vez rebotaron contra esas paredes. El tiempo: vestigio de un lugar que se hunde como tierra mojada con cada día que va pasando. ¿Qué habrá después? ¿Qué se asentará en este lugar como mancha de lo vivido? Solo el recuerdo. Solo eso queda.

Foto 2:
Va la frondosa manta de niebla cubriendo la carretera, los árboles, el lago y todo aquello que se atraviese. Frío. En el lago, una lancha con destino y propósito que desconozco. Tanta agua me anima a nadar ahí y ser una gota más. Pero el frío. Pero la niebla, que lo puede todo, serpiente del cielo que suspende pequeñas gotas en gas, reina mis deseos y es mejor partir.

Foto 3:
Una abertura. Una puerta que deletrea libertad, exhalando cada una de sus vocales con luz. Esa chispa de esperanza entre tanta oscuridad. Las cadenas han reventado y es posible asomarse hacia un día más. Luz con l de libertad. Entre tanta oscuridad se arruga el cuerpo como caracol, escondiendo el miedo que carcome por dentro. ¿Se augura un futuro brillante?

Foto 4:
Laberintos, miles de ellos. Las paredes se erigen firmes como palabras en busca del centro. Vacío. Estas palabras huecas se acomodan como las piedras de ese camino hacia lo desconocido, hacia lo indecible, hacia aquello que no podrá ser encontrado. Pasillos interminables que se disparan por el suelo como ciempiés: ¿debería confiar en él? Pero estos caminos que me darán alguna respuesta, estos laberintos que no cesan como la fatiga de un día de mucho sol.
