¿Por qué el narco no se acabará nunca? Esto dice Jesús Escobar

“¿De verdad creemos que Estados Unidos no sabe quiénes son los jefes de los Chapitos?”
La reciente colaboración de Ovidio Guzmán con las autoridades estadounidenses ha sido presentada como un avance en la lucha contra el narcotráfico. Pero para el periodista Jesús Escobar, esta narrativa es solo un acto más de un teatro cuidadosamente montado. En su análisis, el narco no es un cáncer externo al sistema: es una de sus arterias principales.
“El narcotráfico no es enemigo del capitalismo. Es parte de él.”
Escobar sostiene una tesis tan provocadora como brutal: el narcotráfico no se acabará mientras le siga siendo útil a Estados Unidos. No como adicción social, sino como herramienta geopolítica, mecanismo de control territorial y palanca de reconfiguración financiera.
La utilidad del narco: más que droga, poder
Según Escobar, el narco ha servido para:
- Sofocar crisis económicas: como en 2008, cuando el dinero sucio ayudó a lubricar el sistema bancario.
- Justificar intervenciones extranjeras: “Permite que Estados Unidos expanda su estrategia militarista por el mundo”.
- Reprimir poblaciones incómodas: a través de narco-paramilitares creados desde el propio Estado.
- Facilitar el despojo extractivista: donde hay oro, hay violencia, y donde hay violencia, hay narcos… armados por las mineras.
El “Ratón”: el peón perfecto
¿Y Ovidio? Para Escobar, Ovidio Guzmán es simplemente “el desechable”. Nunca fue el verdadero jefe de los Chapitos. Esa posición la ocupan Iván Archivaldo y Jesús Alfredo. Ovidio fue útil solo para el espectáculo:
“¿Cuántos conocían a Ovidio antes del Culiacanazo? Exacto.”
Su captura y su entrega permitieron a EE. UU. montar el guion de siempre: la lucha contra el narco. Pero los testigos estrella, como Ovidio, solo ayudan a justificar acciones que ya están decididas, con fines políticos y estratégicos.
¿Y la violencia? No son los narcos
Si la violencia no cesa aunque los capos caigan, es porque no son ellos los que la controlan. Escobar afirma que los verdaderos generadores de violencia son los aparatos de seguridad formales y paraestatales —policías, militares y agencias internacionales— que operan como actores narco-paramilitares.
“Los Zetas no nacieron de un cártel. Fueron creados por el Estado.”
¿Conclusión?
Mientras la droga siga siendo útil para financiar guerras, controlar territorios, manejar crisis y justificar invasiones, el narco seguirá vivo. No por falta de voluntad, sino por diseño.
“El narco es parte del Estado. Y mientras ese Estado sea funcional al imperio, no se va a acabar.”
